El físico Sergi Jordà (Madrid, 1961) ha colaborado con La Fura dels Baus, con el grupo Konic Thtr y con el polifacético Marcel·lí Antúnez. Este profesor y director de posgrado en programación no sólo piensa en átomos, también compone música electrónica para películas, espectáculos teatrales y de danza. El científico Sergi Jordà ya ha editado dos CD con el grupo FMOL y demuestra, una vez más, que arte y ciencia van de la mano. Nada nuevo. Stephen Hawking ya ha dejado escrito que la intuición, este intangible tan poco cartesiano, es indispensable para poder descubrir el universo. Sergi Jordà no está solo, pues, y forma parte de una ya centenaria tradición de artistas-científicos, o científicos-artistas. Los ejemplos son incontestables: Leonardo Da Vinci era pintor, pero també ingeniero; el escritor Arthur C. Clark se esculpió la fama con la novela 2001: una odisea en el espacio, pero tenia formación de técnico en telecomunicaciones; y todo el mundo conoce los gravados imposibles de Escher, pero a menudo olvidamos que tenía estudios de arquitectura.
Sergi Jordà empezó a programar ordenadores cuando tenía 21 años, el mismo día que escuchó, en la prehistoria de los discos de vinilo, un trabajo de Laurie Anderson, pionera de los ordenadores encima del escenario –y embajadora de la poesía catalana en Nueva York–. El físico-músico Sergi Jordà abandonó el saxo porque estaba aburrido de memorizar partituras y movimientos. Esto lo pueden hacer mucho mejor los ordenadores que los humanos, afirma. ¡Que memoricen ellos! Desde que Jordà silenció el saxo por poco humano, el instrumento de este físico ha sido el ordenador. Con los Clónicos, en Madrid, tocaba el ordenador, cassettes manipulados y tocadiscos y con Marcel·lí Antúnez descubrió el arte multimedia sin tener ningún tipo de referentes. Crearon a Joan, l'Home de Carn (Joan, el Hombre de Carne), un robot hecho de carne de cerdo. Después, viajando los dos por Europa, se dieron cuenta, humildes, de que no eran los primeros artistas multimedia del mundo. Había algunos que habían llegado antes.
No ha sido el primero, pero la fama, o si se prefiere el reconocimiento, le ha llegado con fuerza a Sergi Jordà. Y el salto lo ha hecho gracias al Reactable, instrumento que ha inventado junto con otras tres personas (Martin Kaltenbrunner, Günter Geiger y Marcos Alonso), desde el Grupo de Tecnología Musical del Instituto Audiovisual de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona. Intentar definir este instrumento y nada es lo mismo. Es imprescindible verlo para saber de qué hablamos: el Reactable es una mesa grande en la que frotando piezas geométricas por encima se crean sonidos electrónicos, sonidos que se añaden a bases de ritmos repetitivos, ritmos y sonidos que a su tiempo crean luces e imágenes. La fama, a Sergi Jordà, le ha llegado gracias a que la reconocidísima Björk ha usado el Reactable en su gira Volta.
Pero el Reactable no sólo es un éxito gracias a Björk. No. Si el fenómeno Reactable funciona es porque se trata de un instrumento electrónico apto para no iniciados, de la misma manera que no hay que ser mecánico para conducir un coche. El éxito del Reactable son sus sensatos objetivos. En palabras de sus mismos creadores, el Reactable debe ser un instrumento para tocar de forma intuitiva (cero instrucciones, ningún manual), un instrumento que incluso ‘los niños puedan aprender a tocar’; debe ser un aparato que se pueda tocar en grupo y de manera remota; debe ser, también, y sobre todo para los más iniciados, un reto tocarlo. Y funciona: el vídeo de demostración que se encuentra colgado en Internet ha recibido ya más de un millón de visitas.
‘Quiero que se pueda improvisar tocando música con un ordenador de la misma manera que un guitarrista puede hacerlo con la guitarra: fácil, sin tener que ensayar durante horas previamente’, afirma Sergi Jordà, este autoproclamado lutier digital. Solamente falta tiempo para que el lutier, que tiene cuerda para rato, se gane más respeto y más reconocimiento gracias a Björk, a todas las Björks del mundo. Trabaja para ellas.