‘Hoy en día, si uno quiere hacer una peli, la hace. Con una cámara pequeña y diez amigos, haces una peli.’ Roger Gual (Barcelona, 1973) es un director de cine que vive en un país en el no hay productores del séptimo arte, por lo que se autofinanció su primera película, Smoking Room (2002), obra que rodó con cámara digital. Cuando Gual estrenó este film, escrito a cuatro manos con Julio Wallovits, no tenía ni 30 años. El debut fue exitoso, ya que ganó un premio Goya al mejor largometraje de un debutante, y también se llevó el premio al mejor guión y el premio al mejor film del jurado del Festival de Málaga. Así pues, el primer logro de Gual no es la película en sí, sino el método de producción barato que utiliza, método inspirado en la escuela Dogma nacida 15 años atrás. A día de hoy, y en un país sin productores, si quieres hacer una película, la haces.
Los críticos han comparado el trabajo de Roger Gual con el de David Mamet, el director de cine de Chicago reconocido por sus guiones y por su dirección de actores. Gual aplica, también, su talento en los guiones y en unos diálogos trabajados, pulidos, que pone al servicio de los actores. ‘Me gusta dirigir para poder trabajar con actores. En un film, el 80% es cásting.’ Todo, en Gual, se mueve al servicio de los actores a partir de los diálogos; con Gual no hay lugar para las grúas, ni los efectos especiales.
Después de haber abandonado dos carreras que califica de serias (Historia del Arte y Administración y Dirección de Empresas), Roger Gual se fue a vivir a Nueva York, donde se ganó la vida trabajando de autónomo en publicidad. Allí aprovechó el tiempo para estudiar cine y acabó rematando la faena yendo a la isla de Cuba, para estudiar en la prestigiosa Escuela Internacional de San Antonio de los Baños, cuna de mucha de la cinematografía occidental. Después de Cuba y Nueva York llegó el debut con la citada Smoking Room, una película que disecciona el mundo de las multinacionales y las relaciones laborales, no solidarias, entre los trabajadores. El incidente desencadenante es la prohibición de fumar en el lugar de trabajo, y la consiguiente movilización y desunión entre los trabajadores. Se ve al Otro en mayúsculas, la dificultad de ponerse de acuerdo con un igual, y la lucha contra un Otro que tiene poder por encima de ti.
Después llegó Remake (2006), otra vez rodada con cámara digital, que explica un fin de semana de reencuentro entre hippies que en su día fueron amigos, formaron parejas y fundaron una comuna. Años después, resulta que los ex hippies van al gimnasio y se decoran les casas. Después de haber practicado sexo en grupo, resulta que ahora los ex hippies pelean entre ellos –en el film se ve como llegan a las manos–. Gual sabe de qué habla, ya que él fue un niño de comuna hippy: vivió con su madre en una comuna –espero no equivocarme– que había en la montaña del Tibidabo, cerca de Barcelona. ‘No sé si es normal ver follar a tu mare con tres tíos’, es una de les frases que se escuchan, que se sienten.
Remake ha impresionado más a la generación de sus padres que a la suya, a nuestra generación. Gual disecciona, intentando no juzgarla, la generación tapón que todos padecemos, la generación de los que corrieron, corrieron mucho, delante de los grises y que protagonizaron la transición y un largo etcétera. Gual mira, otra vez, al Otro –y le impresiona–. En la entrevista lo dice de una manera preciosa. Esto del cine es tan sólo ‘cuestión de explicar un cuento que te ha revuelto por dentro. Inicialmente se trata de hacer perdurar las historias que te explicaban tus abuelos y tus padres’. Gual mira a los demás en lugar de a su ombligo.